La política cultural del PSOE i un Museu que es diu Reina

Aquesta va ser la meva última intervenció en el Ple del Senat (el 14 de setembre) com a portaveu de Cultura, a més de parlar-hi del Museu d’Art Contemporani de l’Estat, anomenat Reina Sofia, vaig aprofitar per fer una valoració global de la política cultural del PSOE, un autèntic indicador del seu profund centralisme i espanyolisme (contrari a la diversitat):

El señor BOFILL ABELLÓ: (El señor senador inicia su intervención en catalán, que se reproduce según el texto que facilita a la Redacción del Diario de Sesiones)

«Gràcies, president.

Podria tenir gràcia la paradoxa que el museu més republicà de l’Estat es digui «reina» si no fos que és fruit d’una imposició, com ha estat una imposició la monarquia, sense que els ciutadans s’hagin pogut expressar específicament sobre aquesta qüestió. Vagi per davant, doncs, que aquesta segurament seria la nostra primera esmena en aquest Centre d’Art Contemporani.

Continúo en castellano por otra imposición poco democrática. Decía que la paradoja de que el museo más republicano del Estado se llame reina hasta podía tener gracia si no fuera fruto de una imposición como lo ha sido la monarquía, sin que los ciudadanos hayan podido expresar en las urnas si preferían una república y la mayor democracia, transparencia y ahorro que conllevaría.

Esta ley no tiene muchas enmiendas porque, una vez aceptada la mayor, que es la existencia, hasta contradictoria en su formulación, de un hipermuseo de arte contemporáneo con un nombre de reina, con fondos públicos, incluso con fondos de arte del Estado captados en algunos casos a través de la dación en pago de impuestos, radicado en el centro, en Madrid, capital del reino, en paralelo al Museo del Prado, esta ley era necesaria. Es una ley necesaria porque le da una autonomía similar a la del Museo del Prado y permite modernizar mínimamente sus estructuras y sus políticas al no depender tan directamente de la estructura ministerial.

Durante estos años hemos dado todo nuestro apoyo a la gestión de su actual director, Manuel Borja-Villel, con objeto de conseguir esta nueva norma para el museo, y también porque nos parece encomiable y hasta titánica, por su inmensa dificultad, su labor para transformarlo en dinamizador de la creación, es decir, de las críticas a las convenciones de todo tipo, y para establecer relaciones no centralistas, potenciadoras de la diversidad, no jerárquicas sino rizomáticas, con centros de arte, saltando fronteras, potenciando la creación y lo diverso para compartirlo y vivir mejor.

Dicho esto, tampoco vivimos en un espejismo y no es sorprendente que las enmiendas que quedan vivas sean justamente de los senadores catalanes y vascos y que algunas de ellas se refieran a los dineros, a los privilegios económicos que tiene este museo en relación con otros museos públicos de arte contemporáneo de gran interés que reciben menos ayudas del Estado y que colaboran, pero también compiten, tanto en la adquisición de obras en el mercado del arte y en la captación de sponsors y mecenazgos como en la organización de eventos y en la captación de público.

Por ello, señorías, presentamos las enmiendas números 12 y 13, que pretenden que el MACBA, el MNAC y todos los museos que acordaran el Ministerio de Cultura y las comunidades autónomas, como el Reina Sofía, se pudieran beneficiar de los incentivos fiscales al mecenazgo en los términos previstos en la ley, es decir, un 5% adicional de deducción fiscal.

Estas enmiendas han sido rechazadas por el Gobierno en otro acto de este Gobierno que no quiere corregir el centralismo del Estado, con lo cual se mantienen el trato desigual y la competencia desleal entre museos del Estado central y museos autonómicos sin consideración a su interés general.

Evidentemente, porque van en la misma línea de igualdad de trato entre museos de interés general, independientemente de si son de titularidad del Estado o no, vamos a apoyar la enmienda número 1, del Grupo Parlamentario de Senadores Nacionalistas, y la enmienda número 15, de Convergència i Unió, que, como nuestra enmienda número 11, pretenden evitar esa competencia desleal entre museos y posibilitar que los fondos, archivos u obras pertenecientes a personas físicas continúen en la comunidad autónoma donde se han generado y que el Reina Sofía suscriba convenios de colaboración con las comunidades autónomas que cuenten con centros de arte contemporáneos similares por su ámbito y sus objetivos.

Suscribimos estas enmiendas como si fueran nuestras y son complementarias de todas las que presentamos, todas ellas dirigidas a introducir criterios de mayor participación democrática, mayor transparencia y mayor colaboración con las comunidades autónomas para que en su gestión por ley se deba tener en cuenta la pluralidad cultural lingüística de los territorios y los ciudadanos del Estado español y para que se respete la adscripción nacional de los artistas catalanes, por ejemplo.

Asimismo, con nuestra enmienda número 8, pretendemos que se incorporen a la financiación de ese museo radicado en Madrid tanto la administración local como la autonómica de dicho territorio, que tanto se beneficia de esta ubicación. Y no es un tema baladí el de la ubicación, es otra vez la prueba del algodón del centralismo, si es que se necesitan muchas pruebas para una obviedad de conocimiento general.

Se puede entender que un museo como el del Prado, creado a principios del siglo XIX -una institución heredada del pasada centralista-, esté en Madrid y que se busquen formas de gestión con participación de las comunidades autónomas que permitan su disfrute por todos los ciudadanos, una colaboración y compartir fondos con otros museos, pero no se puede entender que en plena transición se creara para el arte contemporáneo un contenedor de estas dimensiones, a todas luces exagerado, con una obra nueva de Jean Nouvel, para epatar, que es todo menos funcional y adecuada para disfrutar del arte, y de nuevo en Madrid, al margen de donde se generaron gran parte de las obras que le dan sentido, sin un proyecto claro, que, entre otras cosas, tuviera en cuenta los centros de arte ya existentes, la historia de las vanguardias artísticas europeas y mundiales, el papel de Barcelona y de Cataluña en esa historia y que estamos en un Estado compuesto. Fue un despropósito que hoy intentamos corregir con un nuevo dinamismo en la dirección artística pero con poco criterio plural en la orientación política como se ve en esta ley.

Dos legislaturas de Gobierno socialista han sido tiempo suficiente para que, al menos, en el terreno de la cultura, con costes económicos mínimos, se empezara a hacer realidad, se viera esa España plural que nos prometían, ese inicio de un camino auténticamente federal. Pues no, no ha sido así, y no será porque les haya fallado nuestra colaboración y la de tantos otros, en general, situados en las costas, lejos del centro de la península. No ha sido así porque, en realidad, solo se ha entendido esa pluralidad en términos de cesión tacaña de algunas competencias, pero nunca en términos de cambio profundo de la propia estructura de la Administración del Estado, que es la misma de siempre. No han sido capaces, en realidad no han querido crear una estructural cultural plural. Lo de ministerio de las culturas no ha pasado de ser un recurso retórico que no se ha creído nadie, porque no lo creían ni quienes lo decían.

La verdad es que es una cuestión que me duele profundamente, y creo que los responsables socialistas de cultura han cargado con una grave responsabilidad al no haber creado puentes estructurales fuertes entre la cultura catalana, los ciudadanos y los territorios monolingües castellano-hablantes. En el mejor de los casos —a veces ni eso—, nos han dejado ejercer nuestras competencias en Cataluña, pero no han asumido su responsabilidad de dar a conocer y divulgar como un valor positivo la pluralidad, el trato en pie de igualdad de la lengua y la cultura catalana.

En lugar de acercarnos, nuestros caminos se alejan, porque los caminos, las culturas y las lenguas diversas no deben fusionarse ni dejarse asimilar sino que deben tener vitalidad propia para dejarse influir y, al tiempo, continuar existiendo reconociéndose como iguales. Miles de circunstancias históricas, sociales y políticas explican la existencia de unas lenguas y culturas diversas. Lo sustancial es que cada una de ellas existe, y tiene tanto derecho a continuar existiendo como cualquier otra, y que, además —y eso es importantísimo—, esa diversidad es buena, aporta visiones y soluciones diversas; es un factor de bienestar para las personas, de creatividad y de progreso.

La cultura y la lengua catalana necesitan un pleno reconocimiento internacional de su existencia, de su espacio, de sus aportaciones a la cultura europea y universal y necesitan un Estado que lo asegure.

Gracias.

El señor PRESIDENTE: Gracias, señoría.

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Una resposta to “La política cultural del PSOE i un Museu que es diu Reina”

  1. Davion Says:

    If only there were more clever poeple like you!

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