També les víctimes de la violència policial i de grups feixistes durant la dictadura i la transició han de ser reconegudes

En l’últim Ple del Senat d’aquesta legislatura es va debatre, i aprovar, la Llei de víctimes del terrorisme. A continuació trobareu la meva intervenció d’aquest dimarts, dedicada a Gustau Muñoz i al seu germà Marc, i la de Joan Tardà, del 14 de juliol al Congrés de Diputats. Veureu que ambdós demanem que es reconeguin totes les víctimes, incloses les de les persones que van ser ferides o mortes durant la Transició, abans de l’entrada en vigor de la Constitució, per l’acció repressiva de la policia o de grups feixistes. Van votar en contra de les nostres esmenes i del PNB que reclamaven aquest reconeixement, no solament el PP i el PSOE (i PSC, esclar), sinó també, sorprenentment, els senadors d’ICV, que prèviament havien retirat les seves esmenes de contingut similar a les nostres (“perquè ja hi havia un acord global sobre la llei al Congrés i perquè no tenien possibilitats de prosperar”).

Intervencions de Miquel Bofill (senador d’ERC) i de Joan Tardà (diputat d’ERC) en el debat de la Llei de víctimes del terrorisme al Senat (20/11/2011) i al Congrés de Diputats (14/07/2011)

Extret del Diari de Sessions del Ple del Senat del 20 de setembre de 2011

Por el Grupo Parlamentario Entesa Catalana de Progrés, tiene la palabra el senador Bofill para la defensa de sus enmiendas.

El señor BOFILL ABELLÓ: (El señor senador inicia su intervención en catalán, que se reproduce según el texto que facilita a la Redacción del Diario de Sesiones) «Gràcies, president.

Acabem la legislatura amb el debat d’aquesta llei de víctimes, una llei que té molt a veure amb el nostre rebuig de la violència política i amb les nostres conviccions democràtiques. També és una llei per al reconeixement, una llei contra la indiferència i l’oblit. És per això que vull dedicar la primera part de la meva intervenció a Gustau Muñoz i al seu germà Marc.

Continúo en castellano con la esperanza de que en la próxima legislatura se consiga un acuerdo que permita el pleno reconocimiento del derecho de los senadores a utilizar el catalán, el gallego y el euskera en el conjunto de su actividad parlamentaria.

Decía que acabamos la legislatura con el debate de esta ley de víctimas que sería mejor que se llamara ley de víctimas del terrorismo y de la violencia política, porque debería incluir también a las víctimas de la violencia ejercida por órganos y funcionarios del Estado de forma ilegítima, particularmente durante la dictadura franquista.

Más allá de sus limitaciones, que intentamos corregir con nuestras enmiendas, vaya por delante que consideramos que es una buena ley en la medida en que parte de la premisa de que el Estado debe cuidar especialmente los intereses de las víctimas de los delitos y, en concreto, porque en su formulación hay avances que mejoran su protección, como, por ejemplo, cuando se amplía la noción de víctima del terrorismo, con lo cual se reducen algunos agravios comparativos, o cuando se amplía el régimen de protección social de dichas víctimas.

Es una ley que tiene mucho que ver con el rechazo, que compartimos, a la violencia política y con nuestras convicciones democráticas, y por eso pensamos que debería ser más generosa con todas las víctimas y menos deudora de un momento político y de un pacto como el antiterrorista, que siempre hemos considerado excluyente y dudosamente democrático.

Es también una ley para la reparación y para el reconocimiento, contra la indiferencia y el olvido. Pero esta ley dejará fuera de su alcance a centenares de víctimas si ustedes, particularmente los senadores y senadoras del grupo parlamentario que apoya al Gobierno y el Gobierno no apoyan una enmienda transaccional sobre la base de la enmienda número 1, del Grupo Parlamentario de Senadores Nacionalistas, y de las enmiendas números 37, 38 y 39, del Grupo Parlamentario Entesa Catalana de Progrés.

Además de no incluir a todas las víctimas de la dictadura, del terrorismo ejercido desde el Estado para mantener el poder de una minoría oligárquica y corrupta, esta ley excluye a decenas de ciudadanos víctimas de la violencia del Estado y de grupos fascistas durante los años de la transición. Es una falta de generosidad y de espíritu democrático.

Detrás de cada uno de los nombres de las víctimas, particularmente de los muertos como consecuencia de la violencia política, hay un drama humano y muchas personas, conciudadanos nuestros, marcados para toda su vida. Nuestra simpatía y solidaridad debe ser para todos ellos, sin exclusiones de ningún tipo.

Mi compañero de Esquerra Republicana en el Congreso de los Diputados, Joan Tardà, leyó una larga lista de nombres de personas asesinadas durante la transición, antes de la entrada en vigor de la Constitución. No voy a leer nuevamente esa lista, pero sí me voy a referir a uno de esos nombres, Gustau Muñoz, y también a su hermano, a los cuales he dedicado mi intervención en catalán.

Circunstancias de vecindad —porque las víctimas y sus familiares son conciudadanos corrientes, vecinos nuestros ignorados, personas que en medio de la indiferencia de los demás transportan su dolor en lo más hondo de su ser— han hecho que conociera no hace mucho al hermano de Gustau Muñoz, que el 11 de septiembre de 1978, con 18 años, se manifestó por la independencia de Cataluña junto a su hermano menor, de 16 años. No sabía que al cabo de pocas horas, cuando intentara protegerse de una carga policial, un desalmado saldría al paso de Gustau, un chico de 16 años, indefenso, y le dispararía en el pecho, a bocajarro. Así murió un 11 de septiembre un chico, casi un niño, que, evidentemente, no merecía morir, como no lo merece nadie. Pero tampoco merece el olvido y la indiferencia, como tampoco lo merecen sus familiares, y esta ley continúa ignorándolos, por lo que nos parece insuficiente y les pedimos que voten a favor de nuestras enmiendas.

Para Gustau, que nació en Sevilla en 1962 y murió asesinado en Barcelona en 1978, en una manifestación por la independencia de Cataluña durante la Diada Nacional de Catalunya, y para sus familiares, como para el resto de víctimas no reconocidas plenamente todavía, un recuerdo. La realidad es que hoy ya son centenares de miles los que se manifiestan por esas mismas calles de Barcelona y expresan pacíficamente que, ante el fracaso de la autonomía, Cataluña debe constituirse como Estado dentro de la Unión Europea.

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Exret del Diari de Sesions del Ple del Congrés dels Diputats del 14 de juliol de 2011

Señor Tardà tiene la palabra.

El señor TARDÀ I COMA: Gracias, señor presidente.

Señorías, hace pocos días este diputado republicano, conjuntamente con los compañeros Gaspar Llamazares, Nuria Buenaventura, Joan Ridao y Francesc Canet, así como con todos ustedes, rindió homenaje en este Parlamento

a las víctimas del terrorismo. Creemos que es una obligación del Estado reconocer y reparar a las víctimas de la violencia y nos congratulamos por ello, por eso firmamos la proposición de ley que dio lugar a esta ley, pero creemos que deben ser reconocidas y reparadas todas las víctimas. El día del homenaje, el presidente Bono dijo aquí: Nadie muere mientras no se le olvida, pero la indiferencia es tan dura como el olvido. Pues ustedes hoy tienen en sus manos hacer posible que centenares de ciudadanos víctimas de la violencia del Estado y de grupos fascistas durante los años de la transición no mueran para siempre, reclamando que también sean reconocidos.

Señorías del Partido Popular y señorías del Partido Socialista, ustedes han decidido hoy -salvo que hoy también rectifiquen- consagrar la existencia de dos clases de víctimas y ello es inadmisible y vergonzante. Agustín Rueda Sierra, Martí Marcó Barcella, Gustau Muñoz del Bustillo, Jordi Martínez de Foix, Vicente Antón Ferrero, José Luís Aristizábal, Miguel Arregui, Ignacio Arregui, María Asensio, Francisco Aznar, Juan Acaso, Tomás Alba Irazusta, José Alcazo, Salomé Alonso Varela, Manuel Álvarez Blanco, Francisco Javier Ansa, Joaquín Atismasvere, Liborio Arana, Miguel Arbelaiz, María Paz Armiño, Victoria Arranz, Juan Barandiarán, Alfonso Bárcena, Romualdo Barroso, Jorge Benayas, Ana Barrueta, Javier Benavides, María Bravo, Ángel Calvo, José Luís Cano, José Casabany, Jorge Caballero Sánchez, Vicente Cuervo, Miguel del Caño, Luís Cobo Mier, Gladis del Estal, Teófilo del Valle, Pancho Egea, José Escribano, Luis Elizondo, Jesús Etxeveste Toledo, José España, Emilio Fernández, Jesús Fernández Trujillo, Gustavo Frechen Solana, Manuel Fuentes Mesa, Pacífico Fica Zuloaga, José Fraguas Fernández, Ursino Gallego, José Manuel García, Sebastián García García, Andrés García Fernández, Severiano García, Ricardo García Pellejero, Juan Carlos García, Yolanda González Martín, Carlos González Martínez, Miquel Grau Gómez, Bartolomé García Lorenzo, Rafael Gómez Jáuregui, Valentín González Martínez, Antonio González Ramos, Domingo Gutiérrez Delgado, Serafín Holgado, Manuel Iglesias, Carlos Idígoras, Aniano Jiménez Santos, Emilio Larrea, Gregorio Marichalar Ayestarán, Emilio Martínez, Pedro Martínez Ocio, Valeriano Martínez, José Luís Montañés, Carmelo Montoya, Antonio Mariscal, Manuel Medina Ayala, Norma Menchaca, Martín Merquilanz, José Muñoz, Juan Mañas, Luís Montero, Juan Muñiz, Daniel Niebla, José Nuin, Elvira Parcero, Bienvenido Pereda, Arturo Pajuelo Rubio, Joan Peñalver Sandoval, Valentín Pérez, Juan Pozie, Ignacio Quijela, Amador Rey, Ángel Rodríguez, José Rodríguez, Arturo Ruiz García, Gabriel Rodrigo, Germán Rodríguez, Luis Santamarina, Isidro Suspeguerri Aldako, Felipe Sagarna Ormazabal, Javier Sahuquillo, Salvador Sampedro, Carlos Sandise Corta, Manuel Santacoloma Velasco, Vicente Vadillo, Javier Verdejo, Jesús Zabala, Jesús Zubigaray y muchos más ciudadanos y ciudadanas, todos han sido víctimas de la violencia política de los años de la transición; personas muertas en las calles de Barcelona, de Ferrol, de Vitoria, de Valencia, en tantas y tantas manifestaciones por los derechos y las libertades; muertos en las playas de Almería, muertos en Carabanchel, muertos en las laderas de Montejurra y en tantos lugares que presenciaron la inmolación de hombres y mujeres por nuestras libertades.

Señorías, las víctimas de aquellos años de la transición hoy serán olvidadas, como olvidadas sí, como olvidadas -¡Señor Zapatero, mire, por favor!- fueron otras. Este es el retrato del olvido: Salvador Puig Antich. (El señor Tardà i Coma muestra su fotografía). Hoy no se reconocen las víctimas del terrorismo de Estado, no se reconocen las víctimas de los grupos fascistas durante los años de transición, de igual manera que no han querido reconocer en la Ley de la Memoria otras víctimas de unos años -pocos, muy pocos- anteriores, como Salvador Puig Antich. Y esto es una vergüenza. ¿Se imaginan ustedes que pierdan las elecciones y vuelva la derecha? (Varios señores diputados: ¡Hala!-Grandes protestas.)
El señor PRESIDENTE: Silencio, por favor. (Continúan las protestas.)
El señor TARDÀ I COMA: ¿Se imaginan ustedes? (Protestas.-La señora Durán Ramos pronuncia palabras que no se perciben.)
El señor PRESIDENTE: Silencio, por favor. Un momento, señor Tardà.

Señora diputada, el orador tiene el mismo derecho a pronunciarse con libertad que a ser contradicho, pero del modo que establece el Reglamento. Exactamente así. (La señora Durán Ramos pronuncia palabras que no se perciben.) Así es, señora diputada.

Adelante, señor Tardà.

El señor TARDÀ I COMA: Decía: ¿Se imaginan ustedes que pierdan dos elecciones y que el Partido Popular, la derecha, gobierne ocho años? ¿Se lo imaginan? (Rumores.-Un señor diputado: Eso va a pasar.) Es decir, vamos a plantearnos… (Continúan los rumores.-Un señor diputado: ¡Qué cara tiene!)
El señor PRESIDENTE: Adelante, señor Tardà.

El señor TARDÀ I COMA: ¿Vamos a plantearnos la injusticia del olvido en el año 2020? ¿Puede ser esto posible? ¿Es o no es el mismo dolor de las madres y de la misma sociedad? ¿Una persona, un joven, un ciudadano español muerto ejerciendo sus funciones de guardia civil en una acción terrorista es un dolor distinto -no digo solo de las madres o de las familias, sino de la misma sociedad- que el dolor de un joven muerto en las playas de Almería también a manos de un guardia civil? ¿No es el mismo dolor? ¿Cómo puede ser posible eso hoy aquí, cuando afirmamos que por mucho que hagan los Estados, por mucho que hagan las democracias en favor de la reparación de las víctimas siempre será poco? Por esto, nosotros estamos al lado de todas las víctimas, de todas las víctimas. Y no comprendemos, presidente Zapatero, no comprendemos que hoy ustedes aquí no sean capaces en el año 2011, en el núcleo del mundo democrático, donde la democracia es no solamente un valor de civilización sino incluso una delicatessen, de entenderlo. ¿Cómo es posible que seamos capaces de consagrar dos tipos de víctimas? En nombre de la fraternidad y el fortalecimiento de los valores democráticos les pedimos, por favor, compañeros de la izquierda, que rectifiquen.

Muchas gracias. (Aplausos.)

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Una resposta to “També les víctimes de la violència policial i de grups feixistes durant la dictadura i la transició han de ser reconegudes”

  1. Juan Says:

    Es Emilia Larrea, abatida chapuceramente en 1978 en Mondragón por la Guardia Civil después de un enfrentamiento con terroristas de los Comandos Autónomos Anticapitalistas. En muchos sitios aparece por error como “Emilio” Larrea. En la lista de Tardà hay una cantidad no pequeña de víctimas que ahora son contabilizadas como asesinadas por ETA -la propia Emilia Larrea, p.ej.-, incluso cuando se trata de gente fallecida en atentados relativamente conocidos de la extrema derecha como los de Alonsótegui y la plaza Amézola de bilbao en 1980.

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